El poeta peruano radicado en los Estados Unidos falleció el día de ayer lunes 26 de octubre de 2026. Edgar O´Hara perteneció a «La sagrada familia», agrupación poética peruana de los años 70 que pretendía cambiar al mundo a través de la poesía y el socialismo, agrupación de la que fueron parte también Roger Santiváñez, Enrique Sánchez Hernani, Dalmacia Ruiz Rosas, Julio Heredia, Carlos Lopez Degregori, entre otros.
O´Hara estudió literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú y en la Universidad de Texas, en los Estados Unidos, donde era profesor desde 2003. Entre los temas que trata su obra están el amor, la fugacidad del tiempo, lo divino, lo cotidiano o lo mundano. Su poesía se ha destacado por la acertada mezcla de lenguaje coloquial y culto, así como por su tono dual, desenfadado y reflexivo al mismo tiempo. En su primera fase, se centró en buscar una definición personal vital y en encontrar una identidad formal y estilística, que es, en última instancia, el único ámbito donde su poesía cobra vida.
La obra publicada por Edgar O’Hara abarca los siguientes títulos: Contaminado por la sombra el sol (1974), Orígenes y finalidades (1976), Desde Melibea (1980), Lengua en pena (1987), Límites del criollismo (1991), Curtir las pieles (1991), Cedazo tan chúcaro: 1981-1991 (1993), Generación poética peruana del 60: estudio y muestra [coautoría] (1998), A través del agua oscura (2003), La poesía en custodia: acercamientos a Emilio Adolfo Westphalen (2005), Tiene más de avispero la casa. Poética de Blanca Varela (2006), Cada ovillo, cada cordel (2007) y Hacia qué linderos (2020).
En Libros que arden lo recordamos con cuatro de sus poemas.
Primavera para sus caudales
Pero no se lo has dicho, te has callado
y ella no ha oído esta canciónV. Holan
A nuestra edad, querido amigo,
es más que suficiente que una muchacha hermosa
—hermosísima, lo sé—
se distraiga y le confiemos que el amor
como una lechuza vigila el ocaso
en los delirios de su bosque.
Y nos preste atención la muchacha unos minutos
—para ella serán siglos— y alce vuelo después
de responder que sí,
que ha comprendido todo,
que ya escuchó lo dicho.
Celebremos esto, compañero,
como las alegres tumbas que somos.
La que tira al monte
Ah chicanita
La güera te da hostias
Sin recular el embrague
Tú eras la number one
En azotar los suspensores
Con el whip de la dulce sintaxis
Anti canon you forever
(¿No aprendiste a leer
En ese cuentecillo clásico?)
Abajo los Grimm brothers
Y soñaste otro elíxir de Eros
En el aguachirle del Manzanares
¿Y esos dientes tan sharp?
Y esa nails tan grasientas?
¿Y la textura de sus callos?
Ah chicanita que orientaste
Vo-lun-ta-ria-men-te
Your sexual desire
La garfa eréctil
Fue para rajarte mejor
Las entrañas
Esa pickapera del brassière de cuero
Y pelusa en las encías
Te pareció un rice pudding
Esa rubicunda impredecible
Como billar de la frontera
La supo hacer first sight
Con músculos de patrona
Te saca la chu-che-tu-mae
Y no hay crisol que la acalambre
Ah chicanita
Deberías sentirte insólita
(Arrebato de cualquier lirismo)
Querías conquer your own cumbre
Maja en el Monte de Venus
Y alhajas son de aquella mística
Lo que te sigue dando esa güera
Entre la península y el border
A tu sola libertad amordazada.
No te vayas sin conocer el amor
No te vayas sin conocer el amor.
Puede venir dentro de poco, me parece
que estuviera merodeando.
Creo que dejó algunas palabras en la humedad
pero el sol se las bebe aprisa.
Tengo la corazonada, algo me lo dice.
No te vayas sin antes oír por la mañana
el jadeo
de la tortuga que se alimenta de las horas.
¿O quizá estuvo aquí todo este tiempo?
¿Tal vez llegó contigo?
Temeroso del crujir en las maderas,
¿mastica su filigrana en un rincón?
Ahora quién podrá saberlo.
Se hace tarde y esta luz prefiere un escondite.
No te vayas, acaso la duda te siga
en otro susurro. Quédate
un poco más, deja que te mire
y aprenda en alabanza.
Las fuerzas ocultas
Es el poema que no viene y tú
de nuevo lejos.
Otra forma de leer otro
intento de apretar
la solitaria escritura.
Es el poema que no llega y tú
también el cuarto
rodeado por el agua que respiro.
El sueño, la siesta, el malestar
y afuera la constante
perturbación del cielo.
Son los libros repitiendo a mis ojos
que no estás que no estás que no estás.
