Adriana Hoyos: íntima y rebelde poesía

9 minutos de lectura
Adriana Hoyos (Foto: Nicole Dale)

Hubiera sabido que me amabas

Hubiera sabido que me amabas
Hubiera ardido en deseos impíos
Hubiera aprendido a tocar jazz
A improvisar en las fiestas

Hubiera construido en arena
Mis sueños de astronauta
Hubiera quemado las noches

Me hubiera lanzado a la mar
Arribado a la bahía de Ha Long
Hubiera sabido que me amabas
Hubiera encerrado los Noes

Hubiera besado tus ojos niños
Tu pelo turbio e imperfecto
Lleno de maleza de parque
Hubiera ardido en quizás
Tal vez y todavías

Hubiera recitado versos inmortales
Hubiera acariciado la gracia
Aunque fuese tan solo un instante
Para deshabitar mi insignificancia

Hubiera bebido del vaso de fuego
Hubiera pulsado la armonía perfecta
Hubiera exprimido la esencia de todo

Hubiera sabido que me amabas
Hubiera descifrado a Leonardo
Hasta aprender el sentido del vuelo
Hubiera explorado Madagascar
Hubiera habitado el ojo de Chagall

Ahora giro con la danza del derviche
Experimento el escalofrío del alma
Hasta abrir las puertas del misterio
Que deshoja el mundo real

Reconstruyo mis fragmentos
Soy la suma de mí misma
Voy de lo visible a lo invisible
A través del ritmo de la belleza

Me debo ¡oh Júpiter! a Hermes
Mensajero y guía de lo arcano

A mi muerte transitaré un almíbar
Entre suaves esferas de mercurio
Bocanada de sonidos puros
Silbido pausado del universo
Hasta ser polvo de estrella

Después de circular en esta hoguera
Teatro y vanidad del mundo
Altiva y complaciente
Habitaré la ciudad en prosa
Hasta morar por fin en el poema


*

Nuestro linaje levanta una voz única
El humo eleva el hilo de las horas
La lengua oculta descifra sueños
Nos hermana la palabra en la luz

Hablaré del néctar sagrado del libro
Hablaré del pulso de las horas
Hablaré de lo cotidiano con sencillez
Como merecen las cosas importantes

Hablaré en voz baja y para adentro
En un susurro de silencios íntimos
Hablaré del seno poderoso
Y de la flor en oro transmutada

Entre modulaciones magnéticas
Hablaré de la física del sonido
Del desasosiego y de la incógnita
De la ecuación de la lucidez

La flor y el pájaro tras el cristal
El balanceo de un columpio
El agua que fluye en la fuente
El parque ebrio de diminutas risas

Al final todo será tan simple como el agua que mana
Como la chispa de felicidad en el juego del niño
Tan natural como la flor que se abre al instante
Me fundo en sol

No creo en esos niños aterradores
Que hieren mis sueños con sus ojos blancos
No son míos. No me pertenecen

Ahora y en la hora de la reverberación de las aguas
En la sustancia del universo guardo mis recuerdos
Me proyecto hacia lo infinito
Girasoles florecen en mi cuerpo

Soy árbol y hoja y rama y pétalo
Soy humo en ascenso y vapor que se hace nube
Soy lobo y jaguar y serpiente en el trono del pájaro
Salgo de la noche hasta hacerme destello y resplandor

Muda como la H
Infinita como la S
Perfecta como la O
Bifurcada como la Y

Estoy en calma. Estoy en calma.
Estos son los colores claros y brillantes de la habitación de los niños

Me sumerjo por decreto de Hermes y de Orfeo
En la Música que mana del universo y a ella me entrego
Hasta morir en paz en una sola y prolongada ola sonora
Como deben morir los que sueñan con el Eco de La Palabra

*Los versos en cursiva pertenecen a Sylvia Plath, «Tres mujeres. Poema a tres voces», traducción de María Ramos.

*

Las metáforas son ánforas llenas de miel
Juegos de mi imaginación velada

Ánforas
Anáforas
Aforismos

Y afuera
Afuera estoy yo
Afuera del universo

Entre galaxias
Bajo este cielo
Este infierno

Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas

El camino es vuelo
Es búsqueda
Es viaje hacia dentro

Hacia fuera permanezco inmóvil
Pero en mí vibran todos los vientos
Las revoluciones y los círculos
Los desafíos y las conquistas

La vida es un acto de amor
DaR
Es un acto de amor

Debo convocar a Alegría
Aquella a la que todo ser aspira
Donde la oscuridad termina
Donde el manto negro se hace oro

La que canta odas a Osiris
Orquídea de virtud
Orfeo creador

La que habla a los vivos
Y a los muertos
A lo eterno

Señora de la Tierra
Asísteme en esta hora
Eurídice emergiendo a la luz
Revela el Poema

*Los versos en cursiva pertenecen a Alejandra Pizarnik.

*

Veloz y breve es el tiempo

Es el tiempo menguante
Desapareciendo tras la piel
Perforando mi vida

Escapo así
Como estoy
Despeinada y sin labios

Para alcanzar
Para llegar
Para lograr

Pero no alcanzo
No llego
No logro

El tiempo me está matando
Es hora de anular el tiempo
Es hora de matar el tiempo

Cronos devora a su hijo
Yo devoro el tiempo
El tiempo me devora
Ora et labora et labora

No hacemos las paces
No
Entonces soy heroína

Todo se mide en horas
En minutos
En segundos

Toda esta metafísica para desfallecer
Para caer ante un instante
Ahorcada por el tiempo

Con todo mi camino
A verme sola

Ay mi caminito de amapolas
Ay mi destinito de pensamientos

*

La luz clara que en mí arde
Y refleja el mundo invertido
Sabrá acceder al delicado deleite
Del fruto sagrado del conocimiento
Arrobamiento y éxtasis puro

Y a través de mi corazón
Y en mis entrañas
Alrededor del ombligo
A través de mis órganos internos
De acuerdo con mi espíritu
Me diluyo en la nada
Tal vez ya no busco nada

De la misma manera converso
Con ellas y la muerte
Con ellas y el lenguaje

Y ahora salen de mi boca glosas
Que no sabría decir pero que pienso
Que no supe decir y que ahora digo
Diversas y justas lanzadas al azar
A lo que me aboca el vocablo
Incluso una sílaba

Traduzco su liviandad y su peso
Traduzco la noche
Traduzco el viento
Traduzco lo intangible

Hallo piedra y humo
Me refugio en la fuente de agua
Agua blanda horada la roca
Y crece espuma

Somos Espuma
Espuma ma
Ma
Ma Espuma ma
Ma

Madre Agua
Madre Tierra
Señora del Llanto
En la espiral de la torre
En la margen del río

Dónde
Dónde acaba el poema
¿Dónde acaba el poema y comienzo yo?
Y
O

Y mis límites
O dos caminos que se bifurcan
Y
¿?

Yo en este instante
Yo en esta hora clara
Yo que no existe
Puesto que soy ellas
Y soy en la infinita levedad del ser
Que se afana por ascender
Hasta convertirse en Ibis

________
Adriana Hoyos es una de las voces más singulares de la poesía contemporánea en lengua española. Su obra, atravesada por una penetrante sensibilidad musical y una aguda conciencia del lenguaje, articula un espacio en el que lo verbal, lo visual y lo sonoro dialogan como formas de pensamiento.

Autora de una obra sólida y en constante evolución, ha publicado en España: La torre sumergida, La mirada desobediente, Del otro lado, No es a mí a quien lees y La sed con que mirabas (antología amorosa). En Colombia: Esa que canta hacia adentro y la antología Lo que me trajeron las palabras. En Portugal: Geometrias da voz, Nao é a mim que lês.  En Serbia, la antología Ono što su mi donele reči. Su obra ha sido traducida a una decena de lenguas y presentada en festivales y encuentros literarios en más de veinte países de Europa, África y América.

Premio Dámaso Alonso otorgado por la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid 2026 y el Premio Josefa de Óbidos concedido por la Câmara Municipal de Óbidos, la Fundación José Saramago y la OEI Portugal, ambos en reconocimiento a su trayectoria literaria.

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