y no es lo que no es
la danza de la mujer vista desde lejos
vista en el umbral
en la choza blanca
pelo largo y vestido de gasa
esa mujer es la tristeza misma
con su carne hervida salada
hay niños que le arrancan algún pedazo
y huyen la desgarran
y el hueso –míralo– es una flauta amarilla
agujero tubo
y no es lo que no es
(comentario sobre la turbulencia)
todo poema comienza por mezclar el agua
en el caldero
(con un palo rama cuchara)
se echa sémola y sal
y se observan los anillos blancos
luego sigue la liberación histérica
de las palomas agarradas al pecho
alimentadas bajo el abrigo
las lanzas al aire como confeti
te alegras
sus alas son marrones tienen manchas blancas
como los caballos de los indios esteparios
el caldero la mesa pesada
el diablo agarra un tocón y sienta su culo encima
y pone en el pan una cebolla sin cortar
la mente señor
qué voy a preguntar ceñido con este delantal de cuero azul
cuando arrugo y escurro como una prenda mojada
una placa de metal tras otra
y un libro tras otro
desde aquí desde donde doy golpecitos con el dedo
desde donde reinvento el telégrafo
y el código Morse
qué voy a preguntar
el alma es el aire entre los cuernos de la horca
y mi vida es una ráfaga de cuadraditos de plástico
un bramido de bóvido salvaje interrumpe el concierto
escribe el que sueña con la plata de la cruz
y con el trono dibujado en la pared
en unas pocas líneas
qué decirte sobre la verdad de la letra pequeña
sobre el papel origami
y la escritura de los granos de arroz
o sobre ángela la de los dientes ralos
que recorre la ciudad de rodillas
mis días son las pausas
entre las letras de un nombre
entre los postes encalados
ceden también caen y se curvan hacia dentro
este mundo se arruga
como la piel de una solterona
este mundo es solo eso
–voy a contemplarlo desde un camino alto
desde una curva en la carretera con señales anchas
una primavera tras otra
la buena gente sale con potes de pintura
y las refrescan
los viejos que apenas pueden partir el pan
y mastican la miga con las encías
*
solo siento tu presencia
un manto que se cierne y ensombrece
el jardín
tu soledad es imperial
estos cigarrillos blancos duros son los primeros
son sal también y mantequilla
te he visto desnudo
sonrosado y pelirrojo como una mujer
he visto la sábana deslizarse
permaneciendo –es decir– en la tumba
mi dios es gitano
la poesía de ginsberg es un tobogán
inundado por el que fluyen sin cesar
luces intermitentes y sandías aplastadas con el puño
escribí hace tiempo la historia del país más embrujado
de la novia-araña
y creo
que esta palabra tritura
un meollo granulado
un grano de té
arrasa las playas
y el pecado es otra vez el pecado de los retirados
envuelto en lonchas blandas de tocino
cuánta niebla cuántas huellas empañan el cristal
uno sobre el otro los libros
no sé:
será como en baudelaire vaporización
o como cuando pones música
los muertos son muñecos secos
ídolos con las cuencas vacías
estoy anidando como una polilla
como una larva
madera llena de ojos no de ácaros
la patria del profeta es cuadrada
excavada en el turrón
–en el jabón para la ropa vieja
las losas son aterciopeladas
(pasas la mano por encima por puro placer)
y las viejas sus frentes retrovisores
salen como relojes de un cuco
los ríos son más lentos
allí
manan como la savia
de la madera herida
los domingos son plácidos
el desierto malva
todo
lo ves lo lees en la suavidad del edredón
rezas con buñuelos calientes bajo las rodillas
*
las cortinas corridas
la luz de la lámpara
como un sangrado de animal de compañía
ni los libros sobre la mesa
ni la película que espero que empiece
ni la espera misma
nada
solo los cigarrillos y las uñas
que aún quedan por roer
horas anónimas
como una ola incitada por la cola de un pez
sólo falta el ruido
de un tablón seco
que cruje cuando se le clavan los clavos
*
«la noche se abre ante mí»
una trampa tapizada
una concha con cojines nuevos
agujeros redondos y colibríes saliendo
hay unas casitas unas jaulas los libros
en las estanterías
estás solo con tus chanclas puestas
el cielo está mojado
«las estrellas vienen de los otros abismos»
no sé
deberías escribir a un amigo
más lejano
con el pelo alborotado
con papeles y escarabajos en sus mechones
él es la riqueza –su cráneo tintinea
como un monedero
mira la majestuosa altura de la pared
y la cuerda solitaria de la persiana
qué grácil debe ser la sombra
de un trepador
pero
abrir el libro no lo es menos
y los libros deben cerrarse–abrirse
deben repiquetear
como el hocico de una cabra de madera
en navidad
la verdad es fea
es un erizo peludo
una oruga con hilos de coser
________
Traducción de los poemas: Corina Oproae
_______
Tudor Crețu (Rumanía, 1980) escribe poesía, narrativa, crítica literaria y periodismo. Su libro de debut fue la colección de cuentos Dantelăriile Adelei [Los encajes de Adela], 2001. Le siguieron los libros de poemas Obiecte oranj [Objetos naranja], 2005; Fragmente continue: Poeme live [Fragmentos continuos. Poemas live], 2014 (premio al Mejor Libro de Poemas del Año de la Unión de Escritores de Rumanía, filial Timisoara); la antología Studio live, 2015; Maldiciones & más, 2021, que también ganó el mencionado premio, y ma-ma, 2023.
En 2008 publicó su primera novela, Omul negru [El hombre negro], nominado al premio nacional Euridice, y en 2013, la segunda, Casete martor [Cintas testigo] (finalista de la Gala Nacional Joven Escritor del Año, categoría Prosa; ganador del premio Ioan Slavici de la Unión de Escritores de Rumanía, filial Timișoara). Sus más recientes novelas son Casete maror II [Cintas testigo II], 2015 y Maluri [Ribera] (ganadora del premio al Libro de ficción del año de la Unión de Escritores de Rumanía, filial Banat), 2023.
Es director de la Biblioteca Provincial Timiș y organiza algunos de los eventos literarios rumanos más originales y conocidos: La Manta que Lee, ConCéntrica, Lecturas Encendidas y, sobre todo, el innovador Festival Internacional LitVest. Traducción: Frances Simán
