Un facto incómodo: la Biblioteca Central de Helsinki no es la biblioteca del futuro

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Cada cierto tiempo reaparece el entusiasmo por las bibliotecas de Finlandia. Fotos de edificios espectaculares, salas de lectura, estudios de grabación, videojuegos, impresoras 3D, máquinas de coser, cine, restaurante y espacios para pasar el día. Entonces llega la frase de siempre: “esta es la biblioteca del futuro”. No estoy tan seguro.

Oodi, la Biblioteca Central de Helsinki, es una gran biblioteca. Pero también es un centro cívico, cultural y comunitario. Buena parte de lo que admiramos allí no proviene necesariamente de una innovación bibliotecaria, sino de haber concentrado en un mismo lugar varios servicios públicos.

En el Perú conocemos algo parecido. Tenemos casas de la juventud, casas de la cultura, centros comunitarios, parques zonales y casas del adulto mayor donde conviven talleres, bibliotecas, deporte, capacitación, auditorios y espacios de encuentro. Si una delegación extranjera visitara alguno de estos lugares y escribiera que el Perú inventó “el centro comunitario del futuro”, probablemente nos parecería una exageración. Eso mismo deberíamos recordar cuando miramos proyectos extranjeros. No podemos romantizar una experiencia solamente porque viene acompañada de una gran arquitectura y del prestigio de un país desarrollado. Hay que mirarla técnicamente: qué problema buscó resolver, en qué territorio funciona y qué instituciones la sostienen.

El clima, por ejemplo, importa. En Helsinki buena parte de la vida social necesita trasladarse a espacios interiores durante varios meses al año. En muchas ciudades peruanas, plazas, parques, patios y losas deportivas pueden utilizarse casi todo el año. No necesitamos copiar la misma concentración de servicios ni la misma solución arquitectónica. Ya nos ocurrió con la educación, cuando convertimos a Finlandia en una receta universal. Ahora corremos el riesgo de hacer lo mismo con las bibliotecas.

La pregunta no debería ser cómo construir una Oodi en el Perú, sino qué necesita cada comunidad. En algunos lugares la biblioteca podrá ser el gran articulador de servicios culturales y educativos. En otros será mejor integrarla dentro de un centro comunitario más amplio. La diferencia no es menor. El nombre determina quién administra el espacio, qué profesionales trabajan allí, qué presupuesto recibe y cómo se evalúa. Si todo se llama biblioteca, corremos el riesgo de celebrar el edificio mientras la lectura termina convertida en uno más de veinte servicios.

Oodi merece ser estudiada y admirada. Lo que no merece es convertirse en una única receta. Finlandia construyó una respuesta para su realidad. Nosotros debemos construir la nuestra.

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Alex Alejandro Vargas es un destacado comunicador, gestor cultural y poeta peruano. En el sector público, su liderazgo ha sido clave en la Dirección de Desarrollo de Políticas Bibliotecarias de la Biblioteca Nacional del Perú y en la dirección del impactante programa municipal Lima Lee, iniciativas que transformaron el acceso al libro. Como emprendedor, cofundó Ciudad Librera para descentralizar la cultura mediante ferias itinerantes en diversos distritos limeños. En el ámbito literario, destaca por su sensibilidad y versatilidad con poemarios como "Baladas de Odiseo" y obras de gestión como "El oficio de gestionar", consolidándose como un referente cultural contemporáneo.