El búho y Pilar

6 minutos de lectura

Escribe Salvador Luis Raggio Miranda

De Pilar Dughi me atrajo primeramente su gusto por lo incierto y lo anormal, además de esos desenlaces sorpresivos con los que siempre cerraba sus narraciones. Sabía medir al milímetro cada sintagma, y cuando atendemos verdaderamente a las estructuras y funciones narratológicas de sus relatos, es inevitable no detenerse en los goznes y los acoplamientos, en esos cambios de registro y focalizaciones que aparecen y desaparecen y se hacen de pronto insólitos, en esa mirada enfocada en detalles puntuales y sin excesos.

Desde mi punto de vista, a fines del siglo pasado se publicaron en el Perú dos libros de cuentos absolutamente fascinantes: Me perturbas (1994), de Rocío Silva Santisteban, y Ave de la noche (1996), de Pilar Dughi. Lo más llamativo de ambos es su activa prosa posmodernista: la particularidad tonal de sus sujetos masculinos y femeninos y la anchura temática del discurso. Son libros fuertemente desestabilizadores, enfocados, a la manera de Julia Kristeva o Michel Foucault, en la observación de aquello que descamina o corrompe la norma. Una persona despistada incluso podría llegar a creer que se trata de libros del siglo XXI y no del XX, ya que muchas de sus inquietudes estéticas (sobre todo esa suerte de mapeo de la persistencia de la violencia) están vivas hoy en día en varias jóvenes narradoras hispanoamericanas. No creo equivocarme al decir que en libros como Ave de la noche y Me perturbas hay una sorprendente actualidad, además dos valiosos modelos narrativos.

Aun en mi adolescencia, en la época del Fujimorato, Pilar Dughi me parecía diferente. Ella no deseaba vendernos una gran moral, sino presentarnos una serie de éticas en oposición. Nunca huía de los abismos existenciales ni de los monstruos humanos, y solía poner énfasis en las llagas, ya fuese a través de las formalidades de un relato fantástico o de uno realista. La primera vez que la leí, de hecho, tuve la sensación de estar dialogando con alguien muy cercano, y fue así como encontré verdadero cobijo en los cuentos de Ave de la noche. Tiempo después, ex post facto, iba a sucederme lo mismo con las historias de La premeditación y el azar (1989).

Lo cierto es que la mayor parte de la literatura peruana de mi adolescencia prefería el registro lingüístico de la calle, la representación del escolar deprimido o el imaginario de adultos jóvenes de la urbe, todos ellos decepcionados de la vida, pero adictos a alguna sustancia o licor. Era sumamente común por esos años, no solo en el Perú sino en toda la región hispánica, toparse con esa clase de libro. Reconozco que en su momento disfruté de la lectura de varios, pero Pilar Dughi, como mencioné líneas arriba, era diferente. Su prosa tenía una cualidad introspectiva y caleidoscópica, y no se apoyaba simplemente en la exposición de hechos, sino que, con otra visión de mundo, Pilar optaba por sembrar interrogantes y ambigüedades en cada página.

La recordada primera edición de «Ave de la noche», publicada por Peisa.

Vuelvo a decir que siempre me atrajo su gusto por la abyección y la anormalidad; y también ese lenguaje —entre chejoviano y ribeyriano— que evitaba caer en facilismos, empleando, cuando la circunstancia lo demandaba, un registro cultista. La prosa de Pilar Dughi, a decir verdad, sonaba mucho más «ecuménica» que «local», y esa característica innegable solía separarla del resto, a pesar de que sus narraciones se enfocaran a veces en un «lector in fabula» y otras en las tensiones entre Sendero Luminoso y el país.

En ella, en su momento, encontré lo poco acostumbrado, y nunca olvidaré la mañana que me enamoré del relato que dio título al libro de 1996: «Ave de la noche». Esta es la historia de «un búho en la oscuridad», un hombre que en el fondo es un monstruo humano, alguien que aparenta ser otro y se mimetiza con los «normales». La analogía del ave rapaz del bosque me parece hondamente inquietante; hacer referencia a una criatura que, confundida en la nocturnidad y copiando los troncos de la arboleda, siempre se encuentra al acecho.

Para mí, lo más atrayente de este cuento no es solo el personaje central, sino la alteración del punto de vista; cómo Pilar crea una mutación sutil, pasando de un yo confesional (y hasta cierto punto «inocuo») a una exposición analítica en tercera persona, que no es otra cosa que un estudio de caso acerca de criminales y asesinos en serie: perfiles psicológicos, argot criminalístico, frías observaciones acerca de estilos y modalidades de tortura, adaptaciones al medio ambiente, razonamientos inductivos y modi operandi alimentados por la maldad y la falta de remordimiento.

Debe ser, hasta el día de hoy, el cuento sobre psicopatía más logrado de la literatura peruana. La historia de un «búho» y su caza nocturna, nacida de la inconfundible imaginación de Pilar Dughi.

Compartir este artículo
Salvador Luis Raggio Miranda (Lima, 1978) se licenció en dirección de cine y literatura y es doctor en Lenguas Romances (University of Miami). Ha participado en antologías nacionales e internacionales y publicado colecciones de cuentos y novelas cortas como Shogun inflamable (2014), Díptico de la oruga (2020) o A quien oiga esta voz (2024), que se aproximan a la literatura fantástica, el terror y la ciencia ficción de manera experimental. Además de ser un reconocido antólogo de narrativa breve, se desempeña como catedrático en los Estados Unidos y dirige la revista de ficción insólita Cósmica Calavera. Sitio web: www.salvadorluis.net