Por Javier Baldeón Osorio
Nada humano sobrevive aquí recopila una serie de relatos que tienen como eje la inspiración en el mundo de H. P. Lovecraft. El prefacio de Alexis Iparraguirre sitúa históricamente la influencia de Lovecraft: su imaginario pasó del pulp a la cultura de masas y de ahí se expandió como un fenómeno global que llegó a Latinoamérica y entró en contacto con sus dinámicas sociales. El conjunto de relatos es una muestra del impacto que ha tenido en narradores peruanos.
La selección muestra un conjunto heterogéneo, con preocupaciones distintas, aunque todos los relatos resultan entretenidos y muy bien trabajados. Es cierto, sin embargo, que en algunos casos los elementos «lovecrafianos» aparecen solo superpuestos al relato central. En los mejores relatos, en cambio, estos elementos se integran de manera orgánica y logran que las tensiones narrativas se expresen a través del universo de monstruos, sectas, grimorios y dioses dormidos con un brillo amplificado e innovador.
Me detendré en algunos cuentos siguiendo un criterio arbitrario: los cuentos que más me gustaron (en promedio) fueron escritos por mujeres. Me parece, por tanto, que representan bien la calidad del conjunto.
“El secreto de Stoughmis” de Yelinna Pulliti toma elementos de “La sombra sobre Innsmouth”, uno de los relatos más clásicos de Lovecraft, pero elige como narradora a una aprendiz de medicina. Esta llega a un valle antiguamente poblado por tribus que legaron leyendas en torno a un lago. Pronto se encuentra investigando las enfermedades y desapariciones cercanas a este, que con el tiempo degeneró en pantano. El relato recrea la mirada de una mujer culta en un mundo victoriano y logra que el drama local escale hacia el horror cósmico.
También muy anclado en el género está el relato de Andrea Rivera, “El salón dorado”. Una muchacha narra las sesiones de espiritismo que su abuela solía realizar en su casa de Barranco. El terror sobrenatural se mezcla con lo doméstico y las relaciones familiares, al punto de volverse cotidiano. La tensión explota en una reunión donde se invoca a una entidad de un poder que extralimita el control de los espiritistas. Rituales, embrujos y posesiones remiten con solvencia al imaginario de Lovecraft.
A partir de aquí me parece que el tono de los cuentos no solo toma los motivos de Lovecraft sino que se apropia de estos para reconfigurarlos como parte de una mitología personal, donde el universo del autor estadounidense deja de ser el motivo y se vuelve una herramienta para una exploración creativa propia.

Esto queda muy claro en “Nefrén-Ha” de Romina Paredes. Dos hermanas, Luna y Sofía procesan la reciente muerte de Jirina, su madre: una mujer que en una ocasión hizo un “encargo” de brujería para que una senderista se deshiciera de una ronda campesina. La culpa persiguió a Jirina hasta su muerte y alcanzó también a sus hijas: Sofía la racionaliza mientras Luna persiste en el misticismo de su madre. La tensión filial escala hasta dar cabida a lo sobrenatural. Elementos del ocultismo pulp y el animismo andino se funden de manera plausible en el relato, que además transcurre en una Lima urbana y salvaje, fácilmente identificable con el horror.
También la culpa aparece bajo el tamiz lovecrafiano en el relato “Paisaje de sueños”, de Claudia Salazar. Un guardia latino trabaja desalojando migrantes ilegales en Estados Unidos. A partir de un eclipse, los remordimientos parecen filtrarse en sus sueños a modo de imágenes apocalípticas que invaden poco a poco su mente y el relato. El lenguaje adquiere cierto lirismo en las descripciones oníricas. Es un relato sobre la evasión y la maldad, y el único del conjunto donde la coyuntura política aparece como principal motivo de reflexión.
También muy logrado es el relato “La primera cena” de Abril Cárdenas. Una mujer descubre estar embarazada y una amiga la introduce en una extraña secta que, a cambio de ofrecer su bebé, le conceden poder mejorar su aspecto. Mientras más avanza su embarazo, más bella se vuelve. Entre referencias a cultos de la obra de Lovecraft y a El bebé de Rosemary, el relato reflexiona sobre la apropiación del cuerpo femenino en un tono irónico y fresco, que lo vuelve uno de los más divertidos del libro.
Finalmente, el relato de Sophia Gomez adopta un tono más evocador e introspectivo. La fascinación de un adolescente por la astronomía, lo conduce a volverse aprendiz de un solitario hombre que vive en una casa repleta de libros sobre extraterrestres. Tras superar varias pruebas, descubre los secretos del extraño personaje. El universo y la mezcla de ansiedad y terror que genera lo desconocido, son las pulsiones detrás de un relato que perfila con sutileza la psicología de su narrador.
Nada humano sobrevive aquí cierra con un breve ensayo del psiquiatra Carlos Vera, que permite entender mejor el imaginario de Lovecraft a través de su experiencia biográfica y sus muy probables padecimientos mentales. Además, se incluye un extracto del diario del escritor, y una recopilación de las principales referencias a su mundo aparecidas en la literatura y el cine. En general, el libro deja una impresión clara: Lovecraft legó tanto una obra literaria como un repertorio de fantasía oscura todavía funcional a nuevos creadores.
Información:
Título: Nada humano sobrevive aquí. Antología de cuentos peruanos bajo la sombra de H.P. Lovecraft
Editor: Alexis Iparraguirre
Género: Fantasía, terror, horror cósmico.
Año: 2025
Editorial: Academia Antártica
Javier Baldeón Osorio (Lima, 1987) es licenciado en Historia por la UNMSM y cuenta con una maestría en Ciencias Sociales por la UARM, además de especializaciones en edición de textos e investigación. Sus relatos han sido seleccionados en la revista Nueves Narradores de la Maestría en Escritura Creativa PUCP (2023) y en la revista The Barcelona Review (2019). Publicó Desafueros, en 2025, su primer libro de relatos. Ha escrito además crónicas y artículos para otros medios virtuales.