El editor de Bukowski

admin
Por
9 minutos de lectura

Por Ybrahim Luna

Heinrich Karl Bukowski se ha hecho popular para las nuevas generaciones por la gran cantidad de frases que se le atribuyen y que circulan en redes sociales y webs de literatura. Sus frases, cortas y directas, funcionan como memes o disertaciones sobre el amor, la derrota, el sexo y demás pasiones humanas. Más estrictamente son sentencias literarias que en muchos casos han sido modificadas, sacadas de contexto o descaradamente inventadas para que funcionen como haikus de autoayuda (algo similar hacen con Einstein). Pero Bukowski también sigue vigente porque es una moda leerlo cuando uno se inicia como lector (lo primero que muchos leímos de él fue la visceral y autobiográfica “La senda del perdedor”). Y, claro, también están los fanáticos que lo veneran como al tío carismático que llega a la cena de Navidad solo para embriagarse y armar el lío. Pero, vamos, por las razones que fuere, literarias y extraliterarias, el ‘viejo indecente’ de Los Ángeles seguirá vigente y siempre nos lo encontraremos encabezando las colecciones de Anagrama de cualquier feria del libro.

Muchos aprendimos a querer –más– a Bukowski cuando supimos que admiraba al poeta peruano César Vallejo –que él pronunciaba como “Valejo”– Pero, sobre todo, porque siempre hemos sospechado que detrás del mito, de ese personaje nihilista, soez y autodestructivo, que tanto adoran los lectores y el mercado, había un adolescente golpeado y tímido capaz de escribir poemas hermosos. Un chico capaz de inventar una mala reputación y una potencial agresividad para espantar al tumulto y maquillar la vergüenza por un rostro apuñalado por el acné. A veces lo maldito es el mejor antifaz de la ternura.  

Y nosotros seguimos maravillados con sus relatos, pero también con sus fotos: Bukowski bebiendo, Bukowski en el inodoro, Bukowski frente a una máquina de escribir, Bukowski con prostitutas desnudas. Eso es lo que vende. Pero hay una historia más sensata, profesional y ordenada en la que pocos quieren echar un vistazo.

Uno de los que mejor conoció a Bukowski fue su editor de casi toda la vida: John Martin, fallecido en junio de 2025 a los 94 años. En una entrevista para la revista VICE el editor de Bukowski reveló nuevas aristas de la vida de un escritor considerado ‘maldito’ y ‘de culto’.

A mediados de los años sesenta John Martin se topó con las precarias ediciones de poesía que Bukowski repartía entre sus amigos y admiradores. Eran cientos de ejemplares con pocas páginas. Martin le compró cuatro poemas a 30 dólares cada uno para una edición especial. Bukowski ya había publicado algunos relatos y columnas en revistas independientes, pero ante la imposibilidad de vivir de la literatura se había ‘jubilado’ prematuramente para ejercer durante una década todo tipo de oficios (incluso en una fábrica de comida para perros) que intercalaban con las noches en que dormía en las bancas de algún parque o en la sala de emergencia de un hospital por una úlcera sangrante.

Martin reconoció el talento del poeta y le hizo la ya famosa propuesta de un sueldo vitalicio de 100 dólares mensuales (casi la mitad de lo que ganaba en la oficina de correos) por todo lo que escribiera. Martin fundó la editorial Black Sparrow con la fe de que Bukowski se convertiría en el nuevo Walt Whitman: “Creía tanto en él, como él creía en sí mismo”.  

Luego de recibir sus primeros sueldos, Bukowski le comunicó a Martin que se tomaría un tiempo. Esto desconcertó al editor que ya le había aconsejado probar con la novela porque era lo que más vendía. En cuatro semanas Bukowski llamó a Martin y le dijo que pasara a recoger la novela. Martin le preguntó que cómo había logrado terminarla en tan corto tiempo, y Bukowski le respondió que: “el miedo puede hacerte conseguir muchas cosas”. Esa novela fue “Cartero” (publicada en 1971) …, y allí empezó todo.

Martin cuenta que, con los años, y en específico con la venta de los derechos de los libros para guiones de películas, el dinero entró tan rápido que tuvo que pagarle a su escritor estrella 10 mil dólares cada dos semanas. A menudo bromeaban con Bukowski con encender puros con billetes de 50 o 100 dólares. Sin embargo, Martin asegura que su amigo “era muy comedido con su dinero, nada ostentoso”. Pero el éxito los superó a ambos: “Yo quería que Bukowski fuera independiente, y murió siendo millonario”.  

Pero la declaración más resaltante de Martin en la entrevista, y que sirvió de título, fue: “Nunca lo vi borracho”. El editor asegura que en sus treinta años de trabajo nunca vio ebrio a Bukowski. Sabía que su escritor estrella bebía, y mucho, pero siempre en determinados momentos y con contadas personas. Martin es consciente que probablemente Bukowski quería mantener una imagen respetable frente a su editor. Pero hay otras características que muchos hubiesen descartado como parte del mito del borracho iluminado. Martin cuenta que Bukowski era solitario porque le molestaba la gente. También lo describe como muy ordenado en su rutina diaria, como desayunar con su mujer, leer la prensa, desempeñar diversas labores, regresar a casa, cenar a la misma hora y encerrarse a escribir desde las siete de la noche hasta las dos de la mañana, todos los días de la semana. Era un hombre con horarios que cumplía sus metas.

Sobre su conducta, recalcando que su imagen pública siempre fue diferente a la privada, Martin responde: “Era el hombre más educado y honesto que he conocido. Se preocupaba por tu bienestar”. Alguna vez Martin conoció a un par de prostitutas rubias muy jóvenes que habían llegado de Europa solo para acostarse con el escritor (o con Henry Chinaski, su alter ego). Martin se quedó unos minutos en la reunión y se marchó. Bukowski le contó que no pasó nada. En otras ocasiones lo iban a buscar sus amigos famosos como Sean Penn o Bono. Bukowski los estimaba, pero en general odiaba el mundo del espectáculo.

Martin también recuerda, con cierta nostalgia, que los lectores y periodistas los consideraban como la dupla perfecta. A menudo Bukowski lo llamaba diciéndole: “Señor Rolls, le habla el Sr. Royce”.

Es probable que Bukowski solo haya sido el 50% del “mito Bukowski” (quizá un poco más) y que su ‘realismo sucio’ haya sido su santo grial creativo, sobre todo cuando la vida ya le sonreía y todo era estable. De cualquier modo, Bukowski amó el vino y las mujeres; y sus novelas (como “Mujeres”, donde alcanza la maestría), relatos (como la esquizofrénica “La manta”), ensayos y –sobre todo– poemas… hablarán por él a través del tiempo. Poemas como: “hay un pájaro azul en mi corazón que/ quiere salir/ pero yo le echo whisky encima y me trago/ el humo de los cigarrillos, / y las putas y los camareros/ y los dependientes de ultramarinos/ nunca se dan cuenta/ de que está ahí dentro/ –– hay un pájaro azul en mi corazón que/ quiere salir/ pero soy duro con él, / le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres/ hacerme un lío? / ¿es que quieres/ mis obras? / ¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros/ en Europa?”.  

Compartir este artículo
No hay comentarios